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Que sientes cuando el te ignora

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 ¿Que sientes cuando el te ignora?


¿Que se siente cuando la persona que amas te ignora, cuando sabes que él quiere a la otra?
El corazón llora y llora pero no puedes hacer nada, te entran ganas de gritar pero te aguantas y no lo haces; cuando él la besa, eso a ti te destroza y lloras con lagrimas de sangre…a ella la odias pero él la quiere, a él lo quieres pero ella te odia. Aun así tu sientes algo muy fuerte por él, incluso lo amas pero cuando lo ves con ella te odias a ti misma, te odias porque te equivocaste tanto cuando te enamoraste de él…
leamor no correspondido (22)

No quiero volver a amar en silencio.


Es mi deseo, el que pedí cuando tiré la moneda al pozo de los deseos. Tiré muchas monedas, y siempre pedí el mismo deseo, así que espero que me sea concedido. El pozo tiene una deuda conmigo. Y yo tengo una deuda con el amor.

El amor pasó una vez de puntillas por mi corazón, y me despertó. A bombo y platillo (sin ser su intención, supongo). Y yo me tapé los oidos con las manos, para no oirlo, cerre los ojos y me balanceé repitiendo en voz alta NO-PUEDE-SER-NO-PUEDE-SER-NO-PUEDE-SER... para amortiguar su realidad. Pero me aplastó, me dejó a su merced (sorda, ciega, muda).

Prometo pedir deseos (en el pozo de los deseos) que quiero que se cumplan.

Prometo aprender a enfrentarme a mis miedos. a mis verguenzas. a MI misma.

Prometo ser mi aliada y no mi enemiga.

Prometo escuchar a mi corazón con tanto cariño como escucho a mi cabeza.

Y sobre enamorarme de quien no debiera, no prometo nada.

Me enamoré una vez, de manera unilateral. Hasta que no me pasó a mi, no creí que enamorarse así fuera posible (creible). Reciprocidad es el ingrediente que hace crecer el sentimiento, que le da forma. Como la levadura a la masa.

Yo me embarqué sola. Sin acompañante, y sin maletas. Sin rumbo ni destino. Me dejé mecer por las olas de un mar de dudas, tristeza, de pasión fosilizada que me llevó a un delirio sin sentido del que salí con magulladuras en el alma.

Y así estuve un año, creando filigranas de amor transparente en el aire, que explotaban vacías como pompas de jabón, para volver a empapar mi imaginación de optimismo intoxicado por todos los tequieros no compartidos. Como un bucle maldito que no acaba.

Dejé que el miedo al rechazo capitaneara mi navío. Disfracé mis sentimientos de amistad, y parece ser que me llevé el primer premio.

Al mejor disfraz.

A la mejor intérprete.

Un hurra por la chica! (por la chica que engaña a todos menos a su corazón ahogado).

Pero por más que echando la vista atrás, hormigas de diez patas pisoteen mi conciencia, me descubro aceptando que volvería a actuar de la misma manera. No enseñar mis cartas. Ni ganar ni perder. Marcharse sin haber jugado (lo cual va contra toda política interna -la mía-, pero como mínimo no desestabiliza mis posiciones).

No me permito preguntarme que hubiera pasado si en vez de acallar este amor de monólogo, y marcharme por la puerta de atrás, hubiera reivindicado su existencia, con todas mis fuerzas, en la puerta principal. Y no me lo permito porque puestos a imaginar, prefiero soñar con que SI lo hice, y vivieron felices para siempre en una realidad donde, efectivamente, soy la amada, y no la que se fijó en alguien que pasaba por allí.. y que por allí se marchó (sin reparar en mi, tan enamorada, tan atolondrada, tan engañosa..).

Él. Si él tan solo hubiera podido leer mi mirada, mis ojos, los silencios, las esperas..

Yo. Si yo me hubiera mostrado como un libro abierto.. pero no, jugué a ser un mapa (con mi disfraz, pim, pim), lleno de flechas contradictorias para despistar, casi boicoteándome a mi misma, para que no me encontraran. Un mapa del tesoro que no quiere llevarte al tesoro, por miedo a que si lo encuentras, no quieras cargar con el.

Tendría que haber una canción con esta história de piratas que roban la valentía para afrontar que te quieran, o no. Que te rechazen, o no. Y yo, que me las di siempre de valiente, tarareo esta melodía entre dientes, para que solo mis fantasmas internos la oigan, y no sentirme tan sola con esta história tan triste. Tan pesada. Tan grande.

Supongo que escribirla aquí aligera parte de la carga (de un error que pesa toneladas), me libera de autoreproches (que me automartillean el coco), y me concilia con el milagro del amor (en el que dejé de creer), y así poder volver a la inociencia de tirar una moneda al pozo de los deseos, y esperar que tu deseo te sea concedido.



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