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¿Cuanto tiempo dura el enamoramiento?


 
El enamoramiento dura unos tres meses porque el cuerpo humano no puede soportar tanta carga de feniletilamina. Después de esos tres meses la descarga de feniletilamina baja y nuestro príncipe  o nuestra princesa resulta que no es más que un vulgar ser humano. Pero es posible que esa persona tenga muchas cosas que nos sigan gustando y  la relación continúa con grandes posibilidades de encaminarse al amor. Si es así, el noviazgo termina en matrimonio y la pasión se desata en los próximos cuatro años y fin del cuento. Es decir, el matrimonio, pasa por una etapa muy crítica y tiene grandes posibilidades de terminar.

El índice de divorcios en la mayoría de los casos se dan alrededor de los cuatro años. Otras veces, la llegada de los hijos puede alargar un poco más la vida de ese matrimonio pero, tarde o temprano, se acaba.
Es cierto, hay parejas que duran toda la vida y aunque las telenovelas se han encargado de idealizar el matrimonio y que la pasión dura para siempre, la realidad es otra. Por eso, cuando una pareja ve que su relación ya no tiene la ebullición de los primeros años, cada quien por su lado: así de fácil.
La pasión no termina, se asienta, pero si la pareja se ha encargado y preocupado por mantener, además de la pasión, el compañerismo, actividades en común, sueños mutuos, aspiraciones compartidas, ¡claro que puede durar “hasta que la muerte los separe”!.
En ellos habrá surgido el arraigo, la seguridad en el compañero, la fidelidad, el saber que uno tiene al otro, la honestidad. Y estos matrimonios no terminan tan fácilmente.
Pero si sólo fue la pasión lo que los llevó a casarse y jamás se preocuparon por alimentar la amistad mutua, muerta la pasión se darán cuenta de que no tienen un proyecto de vida juntos… y fue sólo un placer conocerse.
Es alrededor de los cuatro años cuando los primeros brotes de infidelidad surgen. Es decir, concluimos que fue la madre naturaleza la que asentó la poligamia y la infidelidad, quizá por la misma necesidad que había de poblar el mundo. Si él o la mujer era infértil, la pareja no podía quedarse con ella toda la vida, tenía que salir y buscar con quién hacer hijos. Por eso, tanto el hombre como la mujer, dicen los científicos, son infieles por naturaleza.
Lo que sucede es que al hombre se le permitió esa infidelidad, mientras la mujer tuvo que reprimir su propia naturaleza. Eso debido, como dijimos ya, a que el hombre tenía que estar seguro de su herencia. La mujer sabe que los hijos son suyos, el hombre sólo cuenta con la confianza que tiene a su mujer.
Y así, la mujer fue sometida a la fidelidad y se le dejó en un rincón, a fuerza de golpes, para que criara a los hijos y atendiera al esposo. Y durante siglos fue su cruz, pero hoy, con su liberación, con su propia capacidad para solventar sus gastos y la de sus hijos, la mujer no está dispuesta a soportar nada. O su esposo le llena sus necesidades emotivas, sexuales, económicas y sociales o lo deja, y esto es alrededor de los cuatro años.


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